Fuente: ABC

“Hidrógeno, Helio, Litio, Berilio, Boro, Carbono….” Y así hasta completar toda la tabla periódica. En los ochenta fue un clásico  tener que memorizar toda la tabla de elementos mientras se cursaba física y química en BUP. El conocimiento del peso molecular y de sus siglas después de los años, para todos aquellos que no se dedican a nada relacionado con la química, constituye un agradable recuerdo, especialmente si se es aficionado a los crucigramas, ya que suelen ser recurrente las preguntas sobre la tabla.

Ahora hay que ponerse las pilas ya que la Unión Internacional de Química Aplicada (IUPAC) ha aprobado las denominaciones de cuatro nuevos elementos que completan la séptima fila de la tabla. En concreto son el nihonio (Nh) que ocupa el lugar del 113, moscovio (Mc) en el 115 téneso (Ts) en el 117 y oganesón (Og)  en el 118.

Los laboratorios implicados en el descubrimiento de estos elementos ya se encuentran trabajando en los  nuevos elementos de la octava fila.  La importancia de estos nuevos elementos radica en la isla estabilidad de estos elementos superpesados. Todos ellos podrían contribuir a entender la física de los núcleos de los átomos y la física nuclear.

Una tabla que ha ido creciendo con el tiempo

 

La Tabla, tal como la conocemos hoy en día tiene su origen en el s. XIX, cuando los químicos ordenaron los elementos por su masa. Concretamente fue el ruso Dmitri Medeléyev el que presentó en 1869 una primera versión de la tabla con 63 elementos.

En 1872 presentó una segunda edición en la que mostraba ocho columnas desdobladas en dos grupos. Esta misma tabla a finales del XIX fue completada con un grupo más, el grupo de los gases nobles, que fueron descubiertos durante aquella época.

Hoy en día, la tabla se sigue ordenando por el número atómico creciente y la columna vertical reúne elementos que presentan propiedades similares.

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